Manifestantes Ghaneses/ imagen mpr21
BNN ÁFRICA | Accra (Ghana).
El pasado 29 de agosto, la capital ghanesa fue escenario de una multitudinaria movilización en la que miles de personas, convocadas por organizaciones sindicales y movimientos panafricanos, exigieron la condonación de la deuda externa africana. La protesta, liderada por la sección africana de la Confederación Sindical Internacional (CSI-África), culminó con la entrega de una petición formal al ministro de Finanzas, Cassiel Ato Forson, en representación del presidente John Dramani Mahama.
Los manifestantes denunciaron que la deuda, que a nivel continental supera ya los dos billones de dólares, constituye un lastre insoportable para los Estados africanos, al desviar recursos que podrían destinarse a educación, salud e infraestructuras básicas. En Ghana, el peso de la deuda externa alcanzó en marzo los 28.500 millones de dólares, más de una cuarta parte de su PIB, un dato que refleja la magnitud del problema y que ha obligado al gobierno a aplicar duros ajustes presupuestarios en el marco de su programa con el Fondo Monetario Internacional.
Más allá de las cifras, la movilización estuvo marcada por un fuerte componente simbólico. Numerosos oradores evocaron el legado del presidente burkinés Thomas Sankara, asesinado en 1987 tras denunciar con firmeza el carácter opresivo de la deuda. En su célebre discurso ante la Organización de la Unidad Africana, Sankara advirtió: “La deuda no se puede pagar, porque si no pagamos, nuestros acreedores no morirán; sin embargo, si pagamos, moriremos”. Décadas después, sus palabras siguen siendo un referente en la lucha por la soberanía económica del continente.
La manifestación en Accra no se limitó a un reclamo nacional. Delegaciones de otros países africanos participaron en la jornada, recordando que el problema de la deuda trasciende fronteras y afecta a la viabilidad de los proyectos de desarrollo en toda África. Los sindicatos y organizaciones convocantes insistieron en la necesidad de construir una arquitectura financiera propia, capaz de reducir la dependencia del capital internacional y de fortalecer instituciones regionales como el Banco Africano de Desarrollo.
El gesto de entregar una petición oficial al gobierno ghanés fue interpretado como un llamamiento para que los Estados africanos adopten posiciones más firmes en las negociaciones internacionales, especialmente con el Club de París y el G20. Hasta ahora, los mecanismos de alivio de deuda ofrecidos por estas instancias se han limitado a reprogramaciones parciales, muy lejos de la cancelación total que reclaman los manifestantes.
La protesta en Ghana, país duramente golpeado por crisis económicas recientes y sometido a estrictos programas de austeridad, refleja un malestar que se extiende por todo el continente. Más que una acción puntual, se trata de un movimiento que conecta generaciones, rescata la memoria de líderes históricos y plantea un desafío político de fondo: romper el círculo de dependencia que la deuda ha impuesto sobre África durante décadas.
Fuente: mpr21